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viernes, 9 de noviembre de 2012

Estoy amarrado a una silla amordazado con un calcetín viejo y hediondo, hay una metralleta apuntando desde lejos, podría girar mi cuello solo unos centímetros y mi cuerpo se desplomaría a balazos. Soy un secuestrado, un inútil hombre, con fuerza de gallina, me tiembla todo, me suda el miedo y el sol me llega a plena cara. Mi mujer me odia, mis hijos me aborrecen no tengo santos en la corte, y mi pelo ha crecido demasiado. Así como está mi vida, reflexionando bajo la amenaza constante de la muerte, creo que lo más sensato sería contribuir a mi patria, como un verdadero hombre, ciudadano, padre y esposo. Quiero contribuir señor delincuente, asesino y terrorista: ¿Puede matarme ahora, pero solo con un disparo en la cabeza?

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