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viernes, 9 de noviembre de 2012
Hay una tristeza que no sabes cómo definir, porque no sabes muy bien donde se encuentra. Esas pocas ganas que tienes de permanecer acompañado, y esa inquietud desgarradora de preguntarle a tu alma lo que siente. Te consumes.
Por primera vez te cubres por completo, para que nadie diga tu nombre, cierras los ojos a cada minuto, y mientras pestañeas una lágrima se agarra de tu pupila fuertemente, para no salir volando sin tu autorización.
Pero nada pasa en vano, la multitud no tiene que saberlo, la noche te espera porque es tu única amiga. Todo se mancha de gris, ya no tienes compasión de ti mismo, quebrantas todas tus leyes, y todas tus fuerzas han sido derrotadas, porque no sabes lo que sientes, y no miras a tu alrededor para encontrar el asunto. Esa tristeza, vívela hasta que se canse de tenerte siempre en la misma posición.
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No tengo algo último que decir hasta el momento, eso llega junto con la muerte, detrás de los últimos reproches de la gente, para que luego reconozcan los valores que te engrandecieron, como aquellas cosas que tuviste que morderte solo. No tengo otro derecho más que asumirme, -dice la tristeza con la poca fe que tiene.-
No sientes por completo hasta que te entristeces, sabes y conoces desde entonces la cualidad frustrante de la vida, aunque busques constantemente lo contrario. Algún día te encuentras con las lágrimas, hastiado ya de todo, de lo que no pudiste concretar y de las faltas que incorporaste en tu diario vivir, sumándole angustias a la existencia. La vida es complicada.
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Toda una búsqueda ciega de sentidos, el epicentro de la "negación" se burla de nuestros precipicios, de esos errores, de esas angustias, de esas "malas decisiones". Eliges desde entonces escribir un diario de vida, o contarle tus secretos a tu mejor amigo.
A estas alturas la tristeza es una composición maleable, y al mismo tiempo es la ruptura de una etapa. Simplemente nada compagina con ella, el carácter se debilita, los ojos se caen de cansancio, tus manos sudan porque te agarras la cabeza, te secas las lágrimas y nadie más que ellas te consuelan. La tristeza en esos pequeños momentos, pasa a convertirse en el fin último.
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¿Y cómo es que luego llegamos al pensamiento suicida?, ¿saben a qué me refiero?
La tristeza es ruin, es una compañera hipócrita y cínica, de todos los atributos que las personas le conceden (aprendizaje, superación, etc), ninguno de ellos cumple una funcionalidad positiva.
¿Por qué las lágrimas tienen que resolverlo todo?, algunos me dirán que es la forma de canalizar el sufrimiento, el dolor, el resentimiento, etc., pero nadie sabe en realidad cuanto tiempo dura, ¿o si lo saben?
La tristeza dura lo que podría durar una lágrima en el fondo del océano, puede apartarse del agua dulce, y nadar por sí sola hasta llegar al fondo para sentirse libre y espaciosa, porque va creciendo en tierra de nadie.
Estar triste es vivir en el tiempo cíclico del agua, todo fluye en ese espacio, va y viene, solo en ocaciones se detiene a reposar en un lago, pero cada vez que pasa una pequeña embarcación o llueve, sigue tocando fondo, hasta no acabar de llenarse.
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¿Pero cuántas tristezas más vienen?, ¿Cómo ocultarse de ellas?
Escapar es la solución más factible en estos casos, o para otros, socorrer al desvalido demostrándole que tienes el valor para sobrevivir en el "aguacero".
La lluvia no se puede detener, no podemos evitar que el sol salga cada mañana, no podemos dejar de sentir hambre. Lo cierto es que cada una de estas cosas tiene su sombra.
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¿Sientes tristeza?
Si tienes algo que sufrir, es hora de vivirlo, con sus pro y sus contras.
Si tienes una tristeza, primero reconoce que es una mala amiga. A veces uno en la vida no se da cuenta de los enemigos que tiene a su lado, es hora de que mires a tu alrededor.
Si tienes una tristeza dile cuánto la odias, repróchale todo lo que te ha estado quitando. Debes herirla y confrontarla personalmente.
Si tienes una tristeza, no dejes que te mate, ignórala de vez en cuando para que se aburra de ti, quizás termine suicidándose.
Si tienes una tristeza, por último, sé solidario con ella. Llévala al fondo del mar, buscale su sentido, su origen. A veces no está tan lejano de nuestras posibilidades.
Si tienes una tristeza ábrele la puerta un instante y consuela su argumento. La razón para estas cosas es muy poderosa y buena consejera.
Si tienes una tristeza, y quieres quedarte con ella, que sea tu mascota, no tu dueña.
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Hay tantas formas de enfrentarse a la tristeza, como la disposición o la aceptación que uno tiene entre el asombro y el fracaso, es un paso que uno decide; hacia adelante o atrás; izquierda o derecha. No hay puntos intermedios, ni pasajes turbios para escapar, lo único que hay eres tu mismo, aferrado a la tristeza. Solo queda levantarse, (no veo otras soluciones).
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