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martes, 25 de septiembre de 2012
Nadie recuerda ya la última vez que el viejo teatro abría sus puertas al público, cerró hace veinte años porque a nadie interesaba ya asistir a una obra teatral. Pero una compañía de jóvenes actores decidió reabrirlo, acondicionarlo y actuar en su maravillosa escena.
El Ayuntamiento les cedió la gestión y les proporcionó las llaves para empezar a limpiarlo y acondicionarlo. Abrieron las puertas que sonaron a óxido y tiempo, caminaron hasta la escalinata, aun alfombrada, raída, y se sorprendieron de lo que de pronto observaron.
A media altura de la escalera una rosa fresca, ausente del paso del tiempo, perdida o dejada por un admirador o admiradora de antiguos actores o actrices, una rosa esperando a su dueño, aquel al que fue regalada.
Y los jóvenes limpiaron el teatro de arriba abajo, lo dejaron nuevo, pero hay quedó el misterio, hay dejaron la alfombra raída y la rosa esperando, la dejaron para su dueño o dueña, para que si algún día volvía la recogiera.
Llegó el día del estreno de la obra y el teatro se llenó de gente, todos subían por la escalera preguntándose por la extraña rosa, pero respetándola, sin pisarla, rodeándola. La obra fue un éxito, diez minutos de aplausos en pie, y al final el público saliendo, bajando por la escalera donde ya no había misterio, donde ya no estaba la flor. ¿Quién sabe si se la llevó el teatro? ¿O una actriz de las de antes? ¿O se la llevó el tiempo? ¿Si tan solo se fue o encontró su destino?.....................
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